El. lado oscuro del Sol

—Ven, siéntate, hablemos de que nos pasa, de que es esto de sufrir si no hacemos aquello que nos gusta tanto, estar juntos, lisa y llanamente estar juntos.
Nos separamos sin siquiera saber si nos amábamos, seguro cada uno de lo que el otro sentía, sin preguntar si funcionaría esto de otra forma, fuimos poco imaginativos, un montón de cuerdas enredadas, algas a la deriva que giran en nuestras mentes confundiendo corazones y ocultando palabras imprescindibles a la hora de los quiubos, esas palabras quedaron atrapadas en nuestros miedos, como aves sin rumbo, como esas rocas azotadas por un mar de contradicciones, un océano oscuro donde los satélites se estrellan provocando interferencias, enviando señales equivocas, mensajes raros, códigos cifrados, omitidos.

—No pensé que iba a ser así de difícil, estaba acostumbrada a este va y viene de irse y volver, pero lloré, lloré cuando no estabas y veía que todo, ahora, si había terminado.
Me mataste y enterraste mi corazón dos metros bajo tierra, fue como si quisieras olvidarme a propósito...

El la miraba absorto con un pie cruzado sobre su pantorrilla, con un hombro apoyado bajo la sombra del único árbol del descampado, era cerca del mediodía y los treinta y siete grados a la sombra se hacían sentir como un infierno en vida. Balbuceaba una canción en su mente mientras trataba de concentrarse en las palabras de ella "Dog Town Blood Bath
Rib Cage Soft Tail"
Ella iba vestida con un peto de algodón amarillo, unos delicados tirantes de cuero trenzado cruzaban de lado a lado sus bellos hombros piel dorada, una corta falda de mezclilla desteñida en piedra dejaba ver unas hermosas piernas y él, él solo pensaba en el capot recién pintado de su esbelto y agresivo Camaro rojo, ella estaba sentada justo sobre el capot y el cuadro completo marcaba como un hierro candente el deseo insatisfecho de él.
—que belleza, pensó él para sus adentros. En paneo todos los sentidos de él respaldaban en su memoria profunda todo lo que ocurría en derredor. Escuchaba como la voz de ella, sus palabras, surcaban como viento tibio los pastizales secos. Los espinos, el cerco de alambre, las púas, las piedras del camino de tierra que subía hacia la nada, los caballos a lo lejos jugando a espantar moscas con su cola, el cielo intensamente azul y los cerros amarillos como la blusa de ella, protegiendo esos senos que él ya conocía, del sol ardiente del mediodía.

No bajes la cabeza, murmuró él y ella hablaba y no lo miraba, ella miraba sus pies envueltos en unos hermosos suecos grises con plataforma de madera. Él miraba el cuerpo entero de ella, sus pies, sus pantorrillas, sus rodillas desnudas, sus poros invisibles, el contorno de su cintura, adivinaba su espalda viejo camino conocido, sus hombros cubiertos por su cabellera que caía brillando castaño y rojo bajo ese sol que los bañaba. Ya no pensaba en el capot de su reluciente Camaro, ahora solo sabía que su cuerpo avanzaba, se abalanzaba sobre ella, rodeandola en un abrazo, pidiéndole perdón mientras la besaba, aunque él estaba convencido que ella estaba equivocada, pero eso a él no le importó, el solo quería salvar la situación, quería que ella se mantuviera en pie, con sus uñas pintadas, parada sobre sus altos zuecos que envolvían sus pies pequeños, con sus piernas bronceadas, su falda mezclilla prelavada, su peto amarillo de algodón rozando la piel de sus senos después de que su corce resbalara por la curva estrecha de su cintura, la falda mezclilla prelavada cubriendo ahora sus altos zuecos y el capot caliente del esbelto y agresivo Camaro rojo curvandose bajo el contoneo del cuerpo de ella bajo el cuerpo de él, ardiendo los dos a más de treinta y ocho grados bajo el sol, dos cuerpos entregados, acelerando, frenando, hiendo más arriba por el camino de tierra, subiendo por la carretera al cielo, cruzando las rocallosas y el cinturón de fuego, moviendo sus pistones y bielas, sus correas, sus tirantes trenzados, sus cabellos acelerados, sus piernas abiertas y sus tobillos cruzados, sus gemidos ahogados y después el final no se sabe cuando ni porque ni si fue rabia o demasiada pasión, rencor, celos, un fatal accidente inesperado, la cosa es que el asunto terminó muy mal.

Suena "Used To Love Her" de los Guns N

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